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Reseña :: Metropoli / Urbanismo : Sevilla

Imaginando la metrópolis del Flex Deal. Sobre la necesidad de un proyecto emancipador para la metrópolis posmoderna

Texto de trabajo, en el que intento llevar al campo del urbanismo las hipótesis teóricas y los experimentos prácticos de ciertos sectores de los movimientos sociales globales durante la última década. Lo estoy escribiendo para una publicación "académica" pero me ha parecido oportuno publicarlo aquí también.
Imaginando la metrópolis del Flex-Deal
Sobre la necesidad de un proyecto emancipador para la metrópolis posmoderna
Por José Pérez de Lama (1)

 
fun profit murcia 2008 mural urbano murcia 2008

Imagen: Composición murciana, 2008, comercio Fun & Profit junto a mural urbano acerca de la sobre-explotación del territorio. Fotografías del autor


Introducción

Un personaje se mueve de noche en la ciudad oscura… “El cielo sobre la Bahía de Tokyo era del color de una pantalla de televisión sintonizada en un canal muerto (…) La modernidad estaba llegando a su fin.”

William Gibson (Neuromancer, 1984), el autor, sitúa la acción en el futuro, pero en realidad lo que describe como el ocaso de la Modernidad había empezado a suceder quizás desde hacía más de una década.

En sus escenarios urbanos, que se van desplazando de Tokyo a la Costa Este norteamericana, y luego, por Europa, México y todo el globo, Gibson, como es característico en la primera época del ciberpunk, se recrea en la descripción de los escenarios urbanos de sus historias de ciencia ficción. En el 84 nos parecían lugares extrañísimos, pero, poco a poco, nos fuimos dando cuenta de que nos estaba explicando la ciudad emergente: Unas ciudades segregadas entre enclaves privilegiados e inmensas zonas inciertas; el territorio exterior repleto de ruinas posnucleares, áreas contaminadas, malls abandonados; espacios intensamente vigilados, llenos de fronteras, militarizados, fuertemente privatizados; una población multirracial, de razas híbridas difíciles de identificar, con una alto nivel de movilidad, con un alto grado de precariedad; una vida descrita con nombres de marcas comerciales: Sony, BMW, Adidas, Microsoft; límites difusos entre el mundo físico y el digital, que atraviesa toda la realidad…

Sin duda se trata de imaginaciones del futuro bastante distópicas, seguramente hiperbólicas, pero que a la vez no dejan de parecernos verosímiles…

J.G. Ballard, otro autor de ciencia ficción, otro poeta del Apocalipsis, sitúa curiosamente al menos dos de sus novelas en la Costa del Sol y en la Costa Azul. Tan parecidos a Murcia donde se celebró el IV Foro de Urbanismo del Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España. Una de ellas - Noches de Cocaína - se sitúa en los resorts turísticos y la otra -  Super-Cannes - en un parque de alta tecnología y la ciudad que lo rodea.

Como escribía Howard Rheingold en Smart Mobs (2002), podríamos preguntarnos “¿cómo saber cuando el futuro aterriza encima tuya?”


<< Fast rewind: breve historia del Proyecto de la Modernidad

Entre mediados del siglo 19 y mediados del 20 se consolida la sociedad industrial y con ella emergen las metrópolis modernas. El nuevo sistema productivo demanda la concentración de la población en torno a las grandes industrias. La población se ve forzada a emigrar a las grandes ciudades. Pero a la vez, las ciudades se hacen lugares de oportunidades, capaces de ofrecer una vida nueva, son lugares deseados. Y sin embargo, las condiciones de vida en las metrópolis emergentes para la mayoría de la población son inhumanas, tal como documentan la literatura o los estudios políticos, - Dickens (1839), Engels (1844), Dostoievski (1866), por ejemplo. Los críticos de la época llaman a Londres la ciudad de la noche espantosa (Hall, 2000).

Mientras que algunos como los luditas se oponen a los ferrocarriles y a las máquinas, otros como Marx y los socialistas consideran que el nuevo sistema productivo, que da a los obreros el conocimiento de los sistemas productivos y organizativos y que los reúne en los barrios obreros, genera las condiciones para una transformación radical del mundo, para la revolución.

Arquitectos y urbanistas no son ajenos a esta situación. En diálogo con los movimientos políticos y sociales, con los trabajadores progresivamente organizados, llevan a cabo propuestas reformistas-higienistas, utópicas, del socialismo realista, que van mejorando, si bien precariamente, las condiciones de vida en la metrópolis: vivienda, transporte, parques, equipamientos, organización urbana (Hall, 2000).

A partir de la década de 1920, comienzan a confluir de forma definitiva las vanguardias sociales y políticas con las artísticas y técnicas para crear la ciudad de la Modernidad. Los CIAM de los primeros años serían un momento clave desde la perspectiva de la historia de la arquitectura (Mumford, 2000).

Y quizás su virtud fuera la de imaginar un modelo de ciudad y una arquitectura capaz de responder a las demandas sociales del momento: vivienda en primer lugar, una idea de ciudad – aunque luego llegáramos a odiarla – que integraba la vivienda de masas, la movilidad, la industria, las zonas verdes y los equipamientos. Y hacerlo con una imagen maquínica, bella, contemporánea. Creando un mundo en definitiva, una forma de vida, un territorio existencial que diría Félix Guattari (2006). Una ciudad que se pretendía igualitaria, portadora de nuevas libertades.

Esta ciudad de los CIAM se haría realidad décadas más tarde como la ciudad del New Deal en Estados Unidos y la ciudad del Estado de Bienestar en Europa. Como explica Edward Soja para el caso de Estados Unidos, esto sucedió gracias a un contrato social entre Big Government, Big Business y Big Labor (Gobierno, Empresas, Trabajo), – lo que algunos autores denominan el sistema fordista – keynesiano (Soja, 1996).

Una ciudad que también tiene una dimensión práctica para el capitalismo, la de crear cuerpos productivos, obreros a la vez que consumidores, - un sistema social y subjetivo que incluye familias nucleares, papeles específicos para hombres y mujeres, separación de vida y trabajo, personalidades autoritarias y alienación dirían los críticos de la Escuela de Frankfurt en los 50 y 60 (Holmes, 2001). Un sistema urbano que es inseparable de los sistemas económico de producción y consumo, jurídico, institucional y financiero.

Entre mediados de los 60 y principios de los 70, - con diferentes temporalidades según los lugares -, el sistema fordista-keynesiano llega a la vez a su clímax y a su crisis.

Estimo relevante la tesis de la llamada Autonomía italiana, que sostiene que una de las principales causas de la crisis son la crítica y las luchas sociales. Las conquistas sociales, de derechos laborales, económicos, relativos a la ecología, etc. reducen cada vez más los beneficios del capital, mientras que la crítica del sistema, representada paradigmáticamente por los 68, lo hace intolerable para las nuevas generaciones.

Brian Holmes (2001), próximo en muchos aspectos a la Autonomía italiana, comentando a los sociólogos franceses Boltanski y Chiapello, habla de dos tipos de críticas: la crítica social (o de la explotación) y la crítica artística (o de la alienación).


Desterritorialización, reterritorialización y fugas

Como consecuencia de la crisis, a partir de la década de 1970 se desarrolla un nuevo sistema productivo y urbano, que podemos describir como posfordismo o sociedad red (2) (Soja, 1996; Castells, 1998).

A muy grandes rasgos podemos caracterizar el posfordismo desde el punto de vista de su ámbito o alcance por su carácter global (globalización capitalista: economía, sociedad, cultura), desde el punto de vista de la economía por la producción y la acumulación flexibles y desde el punto de vista de las tecnologías por la centralidad de los ordenadores y redes digitales, la información y la comunicación.

Retomando los concepto de Boltanski y Chiapello, puede afirmarse que el nuevo sistema ha incorporado selectivamente la crítica artística, haciendo parte esencial de las nuevas formas de vida la innovación, la creatividad, la horizontalidad, la movilidad. La desterritorialización producida por la integración en el nuevo capitalismo de la crítica artística, ha servido sin embargo para ignorar la critica social (la crítica de la explotación), produciéndose un retroceso general en los derechos sociales y la distribución social de la riqueza (Holmes, 2001).

En la transición del fordismo al posfordismo hay algunos sectores sociales que han salido beneficiados, como serían el capitalismo reticular, aquel capitalismo que se ha sabido adaptar a las nuevas condiciones, y la llamada creative class (3). Sin embargo, el sistema ha producido también muchos perdedores. La mayoría de la población, especialmente si se considera a escala global, ha resultado perjudicada, con la precarización de las clases medias de las sociedades más prósperas (Soja, 1996) y la exclusión de enormes sectores de la población mundial, rural y metropolitana – puesto que metrópolis o posmetrópolis (4) ya no nos refiere principalmente a las capitales de Estados Unidos, Europa o Japón; en la lista de las 20 ciudades más grandes del planeta la mayoría se sitúan en Asia, África o Latinoamérica (Davis, 2006).

En términos pragmáticos, cabe explicar que desde un punto de vista económico existen tres elementos interrelacionados: modo de producción, régimen de acumulación y régimen de distribución (5). En el momento actual nos encontramos ante un nuevo modo de producción (flexible o reticular) y un nuevo régimen de acumulación (que por analogía David Harvey, 1989, denominó también acumulación flexible), que han dado lugar a un mayor desequilibrio en la distribución de la riqueza generada por el conjunto de la cooperación social. Un primer debate clave, por tanto, es el de como generar un sistema de redistribución de la riqueza que, posibilite una sociedad más equilibrada.

La confianza en la posibilidad transformar desde dentro del propio sistema la máquina capitalista contemporánea supone una tesis optimista, que se funda en el trabajo de Michael Hardt, Antonio Negri (2000, 2004) y Félix Guattari (1989b), entre otros. En paralelo con el análisis del sistema industrial de Marx, y en cierto modo con el pensamiento hacker, estos autores afirman que los recursos para la transformación del sistema se encuentran en el propio sistema. Según la terminología de Guattari, se trata de fugas desterritorializadoras, tendencias integrantes del propio sistema que llevadas al límite tienen el potencial de hacerlo cambiar radicalmente. Tienen que ver fundamentalmente con la dependencia de los flujos y la movilidad, con la centralidad de la cooperación social en la sociedad red y con la socialización de los medios de producción y la desmaterialización de los bienes digitales.

Un segundo debate, que no se puede olvidar, es el de los límites del modelo económico , social y medioambiental que está poniendo en grave riesgo la continuidad de la vida en el planeta.

Posiblemente la arquitectura y el urbanismo por sí solos carezca de la capacidad de activar transformaciones sociales radicales, pero sí podría formar parte de una más amplia máquina de cambio, como las que representaron las vanguardias modernas en los años 20 en relación con el proyecto emancipador de la Modernidad. Por un lado se trata de ofrecer soluciones técnicas a los nuevos problemas, pero por otro, también, se trata de producir imágenes, en un sentido amplio del término, que puedan ser visualizadas y deseadas; de imaginar otras ciudades para otras vidas, que decían los situacionistas (Constant, 1959). Una tarea hoy bien próxima a la de la ciencia ficción, aunque con algunos matices…

A este proyecto de imaginar un proyecto emancipador para la metrópolis posmoderna es al que denomino con el nombre de trabajo de La metrópolis del Flex Deal. Flex Deal que hace referencia al New Deal del fordismo-keynesianismo de los años 30 en los Estados Unidos, pero actualizado en el contexto de la producción flexible y la sociedad red globales.

La hipótesis de trabajo que aquí presento se apoya en dos bases fundamentales, como son, las demandas y experimentos radicales de los movimientos sociales contemporáneos y el trabajo teórico que las viene acompañando, en un diálogo no carente de tensiones y diferencias. Entiendo que este sería un proceso, de nuevo, paralelo al de las vanguardias históricas de la Modernidad. Mientras que en aquella época los interlocutores fueron los teóricos del socialismo y los grandes partidos y sindicatos de izquierda, hoy, sin embargo, habría que buscar la innovación social y política en las nuevas redes de los movimientos sociales, que a veces se nos presentan como políticas, pero otras, como redes de acción (inmigración), de producción de subjetividad, artísticas o tecnológicas. Existen si duda muchos arquitectos y urbanistas trabajando en estas cuestiones pero estimo de interés proponer un marco general comprensivo para estos trabajos.

En este contexto venimos investigando 4 filones principales para pensar un proyecto emancipador para la posmetrópolis.

Los tres primeros derivan del trabajo teórico de Hardt y Negri y están representados por 1/ la cosmópolis o devenir nómada, 2/ la flexcity o devenir flexible de la producción y 3/ la ciudad híbrida o devenir cíborg.

Antes de continuar parece necesario detenerse  preguntarnos. ¿quiénes son los sujetos de esta emancipación?  La hipótesis de trabajo es que estos nuevos sujetos metropolitanos, no son ya los trabajadores industriales, sino que serían migrantes, precari*s y cognitari*s (o trabajadores del conocimiento) (6), que se asociarían en lo que algunos autores enuncian como multitud, y que los zapatistas han definido a su manera poética como “Un mundo en el que quepan muchos mundos”. Definir a los nuevos habitantes de la metrópolis como migrantes, precarios y cognitarios, no quiere decir que todos seamos, por ejemplo, literalmente migrantes, sino que este devenir o condición migrante, de una vida vinculada a la movilidad, a la temporalidad, a la incertidumbre, a la relación con múltiples lugares e identidades, nos atraviesa progresivamente a todos formando parte integral de las formas de vida contemporáneas, - como antes lo era nuestra participación en una modo industrial de organización de la vida, de los tiempos y los espacios. A su vez, la idea de multitud (Hardt y Negri, 2000, 2003; Virno, 2003) describe una sociedad con una estructura diferente de la de la era industrial, que quizás podríamos aproximar con las ideas de pueblo y nación. Multitud nos habla del carácter reticular de las sociedades actuales, de la compatibilidad de singularidad y cooperación, de geometrías en continua variación. Por visualizarlo de alguna manera la multitud como sujeto político sería la protagonista de los grandes movimientos sociales de finales del siglo 20 y principios del 21, como pueden ser las movilizaciones contra la globalización capitalista (Seattle 1999 y siguientes), la Campaña Global contra la Guerra (2003), el movimiento del software libre o los grandes movimientos migratorios procedentes de Latinoamérica o África del presente.

El cuarto filón para pensar el proyecto emancipador para la posmetrópolis es el del devenir ecosófico. De genealogía guattariana (Félix Guattari, 1989), tiene que ver con una visión amplia de la ecología y la sostenibilidad, que trasciende lo técnico-medioambiental para alcanzar lo social y lo mental. Paso a continuación a introducir los cuatro filones.



Cosmópolis, devenir migrante

El capitalismo y la ciudad global se basa en las redes y flujos globales de información, energía, bienes materiales y personas. La dimensión global del movimiento de capitales, información, formas de organización y personas son probablemente la principal fuente de la transformación de las grandes metrópolis durante las últimas décadas (Soja, 1996). Se trata, sin embargo, de un flujo selectivo y asimétrico. El sistema depende del flujo constante, pero más allá de los discursos sobre el espacio liso de principios de la década de los 90, también necesita su modulación, su sometimiento a un riguroso control. Los diagramas de Rem Koolhaas (2005) en los que analiza las diferencias en tiempo y en coste de la movilidad de personas del Norte al Sur y del Sur al Norte, ilustran bien esta asimetría.

Superando con frecuencia los controles del sistema, los movimientos migratorios en su desplazamiento crean mundos, nuevos espacios, nuevas culturas; producen hibridaciones continuamente que se renuevan continuamente. Hardt y Negri (2000: 395), en su prosa radical y apasionada, lo presentan así:

Los movimientos de la multitud designan nuevos espacios, y sus viajes establecen nuevas residencias (…) Una nueva geografía es establecida cuando los flujos de cuerpos productivos definen nuevos ríos y puertos. Las ciudades de la tierra se convertirán en grandes almacenes de humanidad cooperante y locomotoras para la circulación, residencias temporales y redes de distribución masiva de la humanidad viviente.

A través del movimiento la multitud se reapropia del espacio y se constituye a sí misma en sujeto activo (…) los nuevos espacios se describen mediante topologías inusuales, mediante rizomas subterráneos e incontenibles – mediante mitologías geográficas  que marcan nuevos caminos del destino. Estos movimientos cuestan con frecuencia terribles sufrimientos, pero también hay en ellos un deseo de liberación que no es saciado excepto por la reapropiación de nuevos espacios, en torno a los cuales se construyen nuevas libertades. En todos los lugares a los que llegan estos movimientos, y a lo largo de todos sus caminos, determinan nuevas formas de vida y de cooperación – en todos los lugares crean la riqueza que el parasitario capitalismo posmoderno no sabría cómo obtener de la sangre del proletariado, porque hoy cada vez más la producción tiene lugar en el movimiento y la cooperación, en el éxodo y la comunidad.

Un proyecto emancipador de la posmodernidad debe crear las condiciones espaciales para la autonomía de la movilidad, de las migraciones. La globalización capitalista a construido durante las tres últimas décadas las infraestructuras para el flujo permanente y selectivo – desde Internet a las fábricas y redes de distribución globales pasando por aeropuertos, autopistas e instalaciones turísticas y hoteles de lujo – que deberán ser hackeadas y completadas con el horizonte de la construcción de una nueva ciudadanía global.

El gran proyecto de la Modernidad en arquitectura fue el del alojamiento de las masas obreras, la vivienda social. Este proyecto tenía una dimensión arquitectónica y urbana, pero también otras jurídicas y financieras que son las que lo hicieron posible. Se trataría en la cosmópolis de reinventar la vivienda – pero ya no según el modelo fordista del trabajo y la casa para toda la vida. Ahora es necesario pensar en vivienda masiva, de escala global, per andare in giro por il mondo, - como decía una canción italiana. Esta es una investigación en marcha desde el punto de vista arquitectónico y social, - a mi me interesa mucho por ejemplo el trabajo experimental del grupo parisino Exyzt -, pero que necesita asociarse con el urbanismo, la legislación, la creatividad financiera y nuevas instituciones para ser resuelta de manera eficaz a la escala que ahora se demanda, y que además debe ser pensada como intentaré desarrollar más adelante con los espacios de trabajo y de encuentro.

2006 Exyzt Metavilla Venecia

Imagen: Exyzt, 2006, Metavilla, alojamiento temporal en la Bienal de Venecia, Italia

Los caravansares y su amplia familia tipológica (funduks, fondegos, fondas, alhóndigas, mesones, corrales de vecinos…) tan característica del Mediterráneo son un excelente modelo para pensar la nuevas formas de habitación. Como también las redes territoriales de los monasterios de la Baja Edad Media y el Renacimiento en Europa.

Habría que estudiar, sin duda, la realidad de las rutas y los barrios migrantes de las grandes metrópolis y aprender de la tropicalización y regeneración colaborativa y desde abajo de las inner cities, la defensa de los commons o la invención de nuevos habitares transnacionales que tienen lugar en estas nuevas “ciudades invisibles” (Davis, 2000; Herzog, 2003).

De forma más genérica es urgente oponerse a la aparentemente paradójica proliferación de muros y fronteras, archipiélagos y enclaves (Petti, 2006) de nuestra era global. En su lugar es necesario pensar cómo el territorio y la metrópolis pudieran favorecer la libertad de movimiento y la multiplicación de hibridaciones y mezclas.


Devenir flexible

Frente a los sistemas tayloristas y jerárquicos del fordismo, el posfordismo se basa en el trabajo en red, y por tanto en la cooperación, la comunicación y la inteligencia colectiva. La necesidad de continua innovación es otra de sus componentes, que determina su flexibilidad, y confiere a las redes productivas una geometría continuamente variable.

Esta centralidad de la cooperación social hace que la generación de la riqueza resida en la red y no en los nodos individuales. Las diversas leyes relativas a las redes así lo expresan. La ley de Reed nos dice que el valor de una red social es una función exponencial de su número de nodos (Rheingold 2002), una ley que demuestran empresas de la nueva economía distribuida como pueden ser Google, Amazon o Ebay, pero también otras que están sabiendo adaptarse a lo que algunos autores comienzan a llamar wikinomics, como Boeing, BMW o Lifan – un fabricante de motos chino prácticamente desconocido en Europa pero con un significativo market share Asia (Tapscott, 2006).

Por otra parte, la productivo tiende a ocupar todos los espacios y tiempos de la vida. La producción y la reproducción – según la terminología marxista clásica – tienden a hacerse difícilmente diferenciables: cuidados, educación, salud, ocio, fiesta, infancia, vejez… se convierten en momentos productivas fundamentales para el sistema. El cool-hunting y la figura del prosumer, productor-consumidor, - en los media, en la moda, en la política -, ponen de manifiesto la interdependencia de producción y consumo.

El control estratégico de los mecanismos de la cooperación, la apropiación de lo que es propiamente fruto de la cooperación social, determina que la flexibilidad que es originalmente una demanda social frente a la repetición alienante del fordismo, se convierta en precariedad laboral, en precarización de la vida. La aspiración de las vanguardias artísticas radicales de no separación entre trabajo y vida, se ha realizado de una forma distópica - que ilustran paradigmáticamente los anuncios de contratos de telefonía móvil para autónomos.

En este marco en el que toda la vida se pone a producir, la metrópolis, el territorio todo deviene fábrica, lugar de la producción flexible. Ésta ya no ocurre exclusivamente en la fábrica o la oficina, sino en todo el conjunto del territorio-red. Por esta razón las huelgas que paraban las fábricas ya apenas tienen incidencia sobre la vida, y hoy se sustituyen por formas experimentales de lucha que intentan parar detener los flujos en la metrópolis: movilidad, comunicación, consumo (Precarias a la Deriva, 2004).

Un artista o un arquitecto que serían modelos del trabajo cognitivo, relacional o incluso afectivo centrales en la producción flexible, está trabajando, alimentando la creatividad, pensando, estudiando, haciendo relaciones públicas de forma permanente para poder llegar a hacer un proyecto o una obra de arte.

La demanda social en este ámbito tendría que ver con construir la autonomía de la flexibilidad, con el reconocimiento de la centralidad de la cooperación y las redes en la producción de la riqueza y de la interdependencia de producción y reproducción. En clave política se vienen enunciando como renta básica, y también como flexsecurity – un término que ha sido asumido por la Unión Europea. Pero también tiene que ver con el acceso a los bienes comunes, lo que algunos en la tradición inglesa denominan commons – que hoy serían los servicios públicos, el acceso a la movilidad, a la comunicación y el conocimiento, a la vivienda.

1962 cedric price fun palace

Imagen: Cedric Price, 1964, Fotomontaje del Fun Palace en el emplazamiento de Lea River. Procedencia: Mathews, 2006, p: 137

Un modelo arquitectónico clásico que podría representar esta búsqueda de la autonomía de la flexibilidad es el proyecto nunca realizado del Fun Palace de Cedric Price y colaboradores, entre otros, Joan Littlewood y el informático Gordon Pask (1963). Inspirada en las reflexiones situacionistas, el Fun Palace era una infraestructura flexible y abierta, gestionada informáticamente, para usos educativos, de producción cultural y de ocio, que se proponía hacer accesible a todo el mundo en la comunidad los medios para desarrollar sus habilidades innatas; un lugar en el que se pretendía mezclar ocio y trabajo se mezclaban en un marco de cooperación y libertad radical. Según sus comentaristas se trató de “un vasto experimento social en nuevas formas de construir, pensar y habitar” (Mathews, 2006: 13).

Hoy encontramos muchas trazas del Fun Palace o de proyectos similares de la época como los de Archigram en muchas de las arquitecturas y espacios urbanos del capitalismo flexible, como pueden ser los centros comerciales y de ocio, o inlcuso en los centros de investigación y producción más sobresalientes de la nueva economía como Googleplex en California, pero creo identificar su herencia más radical en lo que vengo denominando las tecnópolis garage, esto es, los clusters urbanos de talleres y espacios sociales habitados por hackers, artistas y activistas sociales en los que se vienen creando los nuevos estilos de vida de la contemporaneidad al menos desde los años 60: los village y el Soho en Nueva York, Kreuzberg y Mitte en Berlín, Lavapiés en Madrid, el Raval y más recientemente el Poble Nou en Barcelona, la Alameda en Sevilla, por citar algunos de los más conocidos o próximos.

Siendo estos barrios sistemáticamente agredidos por los llamados procesos de gentrificación, podríamos pensar entonces, como parte de la construcción de la autonomía de la flexibilidad, la puesta en valor de estas formas de vida y trabajo, la defensa del derecho de los nuevos habitantes metropolitanos a permanecer en sus espacios y la extensión a nuevos áreas urbanas de sus prácticas de cooperación social y sus estilos de vida.


Devenires cíborg

Las nuevas máquinas y las redes de comunicación tienen un papel central en el mundo contemporáneo, que no es necesario desarrollar en este contexto. Reproduzco una cita de Hardt y Negri para situarlo:

La multitud no sólo usa máquinas para producir, sino que también se convierte en maquínica ella misma a medida que los medios de producción están crecientemente integrados en las mentes y los cuerpos. En este contexto la reapropiación significa tener libre acceso a, y control sobre, el conocimiento, la información, la comunicación, y los afectos - porque éstos son algunos de los medios primarios de la producción biopolítica (2000: 406-407).

El término cíborg refiere a la metáfora (Haraway, 1991) de cómo estas máquinas y redes funcionan como extensiones de nuestros mentes y cuerpos, que al proyectarse sobre el territorio nos interconectan con el mundo, adquireidno así un carácter de ecología (Mitchell, 2003; Wigley, 2000). Devenir cíborg nos nos habla de una esencia sino de la acción o performance. El devenir cíborg de la multitud consistiría en la apropiación social de estas redes maquínicas, para darles un sentido emancipador, liberador.

El debate sobre la libertad del conocimiento, su libre distribución y la educación pública,  están estrechamente relacionados con esta cuestión.

En el campo de la ciudad hablamos aquí de las redes libres y la autonomía de las infraestructuras maquínicas, la información y el conocimiento. Utilizaré esta extensa cita del reciente manifiesto de dyne.org (2008), uno de los más destacados colectivos de hackers sociales europeos, para visibilizar la ciudad híbrida (física, social, digital) en el marco de la Metrópolis del Flex Deal.

Durante las pasadas décadas hemos aprendido a ampliar nuestra propia autonomía en los contextos urbanos, atravesando los diferentes conceptos que componen la ciudad, abriendo la estructura interna de sus cerradas redes, desarrollando una textura diferente que ninguna empresa puede comprar (…) Somos los Weaver Birds (los pájaros tejedores) (…) compartimos nuestros nidos, fluimos como el río del asentamiento espontáneo de Code en Yogyakart, el barrio gitano de Sulukule en Estambul, el Chaos Computer Club, los hacklabs distribuidos por todo el mundo, los ocupas autoorganizados en Amsterdam Berlín Barcelona y más, los escondites de los 2600 y todos los otros espacios temporales de hackers donde nuestro futuro, y vuestro futuro, se cultiva de forma casera. (7) (…) Nuestro espacio de hackers proliferan velozmente y no necesitamos construir más lugares sino más bien penetrar el espacio vacío existente, somos altamente adaptativos y nuestro objetivo es conectar más que separar, ser inclusivos más que ser excluyentes, ser efectivos más que adquirir estatus.

Los medialabs y espacios de hackers constituyen un gran potencial para activar el crecimiento cultural y satisfacer un rol educativo que falta cada vez más en las altas escuelas y universidades (…) Con una historia tan corta pero intenso detrás nuestra (la del movimiento del software libre) todos estamos bien motivados a continuar desarrollando nuestros caminos independientes de conocimiento, una literatura autodidacta que libera a los estudiantes de los intereses corporativos y abre un horizonte de variedad y creatividad que no puede ser vislumbrado por las más avanzadas, y sin embargo deficientes, implementaciones de las llamadas “industrias culturales”.

2007 hm gernika

Imagen: Hackmeeting 07 Gernika, Vizcaya. Área de trabajo en la antigua fábrica de armas Astra (acondicionado para la ocasión y demolida con posterioridad al encuentro)

El proyecto de hackitectura.net para el concurso de la Plaza de las Libertades en Sevilla constituye un interesante ejercicio teórico para visibilizar los potenciales de un uso liberador de las tecnologías de la información y la comunicación a escala del espacio público. En aquella ocasión proponíamos un inventario de campos de acción a investigar, a ser experimentados prácticamente en el laboratorio ciudadano en que consistía nuestra propuesta: espacio público como sistema operativo (abierto), espacio público como nodo activo e interfaz de/con la Red, espacio electromagnético ciudadano, ecología mediática ciudadana, espacio público como jardín de microchips y wikiplaza o producción social y participativa del espacio público. (8)


Devenir ecosófico; territorios existenciales

Igual que hay una ecología de las malas hierbas
hay una ecología de las malas ideas
(G. Bateson, cita de inicio de Las tres ecologías de Félix Guattari)

Guattari propone el concepto de ecosofía para plantear la ecología en un sentido más amplio del que se entiende habitualmente. Para él no será posible la construcción de un mundo, y por tanto, de un urbanismo sostenibles, sin la concurrencia de tres ecologías, diferentes en su enunciación, aunque estrechamente relacionadas, como son la ecología medioambiental o técnica, la ecología social y la ecología mental.

El devenir ecosófico integra los tres anteriores campos y los sitúa en el marco ineludible para el urbanismo contemporáneo de nuestra relación con el medio físico y construido, con el planeta Tierra.

Sin desarrollar completamente el planteamiento guattariano, cabe hacer algunos comentarios sobre su visión cada una de las tres ecologías.

Para Guattari la ecología medioambiental está esencialmente conectada a la cuestión de la técnica y las tecnologías. Señalaría tres puntos de interés a este respecto a efectos de este escrito. El primero, es que desde su punto de vista, el actual desarrollo tecnológico, adecuadamente dirigido, - hacia la paz, la producción de alimentos, la protección del medio… -, tendría la capacidad de resolver la mayoría de los problemas contemporáneos. El segundo es que se trata de un desarrollo socialmente irreversible. El autor ilustra esta irreversibilidad con el ejemplo de un show televisivo en Francia en el que mostraban un pulpo vivo flotando confortablemente en una pecera de agua del puerto de Marsella, que moría al ser cambiado a una pecera con agua limpia. Ya no nos sería posible vivir a la altura de nuestros deseos sin los avances materializados durante los últimos siglos. Lo que se necesita según Guattari es dar un nuevo sentido al desarrollo tecnológico contemporáneo – hackearlo podríamos decir una vez más -. En tercer lugar, de forma visionaria cuando lo enuncia (1989), destaca el autor la importancia de los medios de comunicación y los ordenadores en la (re)configuración el mundo que habitamos. Es a través de ellos como se produce la mediación entre el mundo y la sociedad, y el medio principal de la producción de subjetividades.

El objetivo de la ecología social sería la producción de nuevas formas de vivir en sociedad, desde el amor y el trabajo a la nación y la escala global, escribe el autor. En este campo merece destacar el interés de Guattari en la creación de nuevas instituciones con diferentes objetivos y prácticas. Y aquí podríamos pensar en la vivienda, el trabajo, la educación, los equipamientos, el gobierno urbano…

Finalmente, la ecología mental tendría por objetivo la multiplicación de las singularidades, frente a la homogeneización de los deseos que caracteriza la cultura capitalística contemporánea dominada por los valores económicos (9). Es necesario hacer dos aclaraciones sobre el tema. Por un lado, subjetividad se entiende aquí como algo muy diferente de individualidad. La producción de subjetividad sería una tarea colectiva, - como cuando hablamos de la subjetividades burguesa, proletaria, hippy o hacker, que no son producciones de una sola persona, sino que tienen una evidente dimensión social. La singularidad consistiría en la composición específica y creativa que hace una comunidad o una persona de las diferentes subjetividades que la/o atraviesan. Guattari habla de la posición del individuo en relación con la producción de subjetividad
comparándola con la de un terminal en una red digital. En segundo lugar, hay que subrayar la dimensión ético-estética que Guattari atribuye a la producción de subjetividad y singularidades. Crear nuevas formas de subjetividad, componerlas en singularidades más allá de los modelos estándar que nos ofrecen los medios de comunicación, supone una práctica de invención, una actividad próxima a la de la creatividad artística.

Guattari utiliza el concepto de economía del deseo, paralelo al de economía política, que se refiere a los modos en que se produce y distribuye socialmente el deseo, y nos habla entonces de la producción de nuevas economías del deseo, que podríamos pensar como sinónimo de ecosofía, como condición necesaria para la transformación del mundo. En otras ocasiones identifica la singularidad con la construcción de territorios existenciales propios, y con esto, volvemos a aproximarnos a nuestro punto de partida, la ciudad.


Movimientos sociales como laboratorios biopolíticos

Llegamos finalmente a la principal propuesta de este texto, que consiste en proponer la intensificación del diálogo entre arquitectos/ urbanistas y los nuevos movimientos sociales experimentales que durante la última década vienen usando las metrópolis como laboratorio biopolítico.

Escribe Guattari (1979):

Otras formas de contestación, en cambio, resultan mucho más peligrosas en la medida en que afectan las relaciones básicas de este sistema (respeto del trabajo, de la jerarquía, del poder del Estado, de la religión consumista…). Resulta imposible trazar, de un modo neto y bien definido, una línea de demarcación entre marginalidad recuperable y los otros tipos de marginalidad, aquellos que prefiguran el camino de verdaderas revoluciones moleculares. Las fronteras entre ambos tipos de marginalidad son fluctuantes en el espacio y en el tiempo (…) Lo característico de lo molecular es el hecho de que las líneas de fuga convergen con las líneas objetivas de desterritorialización del sistema, creando una aspiración irreversible a nuevos espacios de libertad (…)

Este diálogo es el que entiendo que se dio a lo largo de las segunda mitad del siglo 19 y principios del 20, y que culminó en cierto modo con la formulación del proyecto de la ciudad moderna, cuya virtud principal fue principalmente, no tanto la de inventar nuevas demandas, sino las de darles una imagen y una forma técnicamente verosímil, seductora, a la altura de su tiempo. Últimamente venimos usando el concepto de máquinas ecosóficas para describir los nuevos experimentos, sociales, artísticos, técnicos, generadores de nuevos territorios existenciales, de nuevas economías del deseo.

Finalizaré aquí con una breve relación de experimentos, del lado de las prácticas sociales, que considero podrían servir de base para el diálogo que aquí se propone con el objetivo de construir nuevos devenires ecosóficos:

Quizás el más destacado lo constituya el movimiento del software libre. Como es relativamente bien conocido se trata de una forma alternativa de producción que se basa en el uso intensivo de la red, la llamada subjetividad hacker, la cooperación, y lo que viene denominándose como creative commons, o espacios comunales de la creatividad. El sistema operativo GNU Linux sería el ejemplo más conocido (http://www.fsf.org/), pero también lo es la propia WWW, licenciada por su autor, Tim Berners-Lee, de forma visionaria, en el dominio público – es decir como una tecnología no propietaria -, gracias a lo cual ha sido posible la emergencia de toda una nueva dimensión existencial que llamamos la Red (Berners-Lee, 2000).

En el este mismo espíritu del software libre, aparece lo que podríamos llamar el movimiento copyleft, que extiende los principios del software libre, en primera instancia a todos los bienes relacionados con la información y el conocimiento, y en segunda instancia a todas las producciones humanas. En arquitectura y urbanismo es una investigación aún incipiente, aunque ya existen arquitecturas que se proponen como de código abierto – al contrario de las patentes sobre conceptos arquitectónicos de Rem Koolhaas (2005) -, o espacios que se anuncian para ser usados con licencias Creative Commons. (10)

2008 espacio creative commons fabrica sombreros

Imagen: Espacio con licencia Creative Commons, Fábrica de Sombreros, Sevilla, 2008

Vinculado a este mismo ámbito proliferan sobre todo por el Sur de Europa los llamados hacklabs y centros de medios de comunicación independientes, que serían espacios en los que se experimenta con formas alternativas de producción, basadas en el software libre, en la cooperación y en el uso de las tecnologías desde perspectivas políticamente críticas. Especialmente, en Italia y el estado español, existe el movimiento de los hackmeetings, una especie de universidades autoorganizadas y horizontales, que funcionan en red a lo largo de año, para encontrarse en asamblea una vez al año en un espacio social ocupado, en una singular composición de fiesta, espacio social y de autoformación.

Buena parte de los participantes en este movimiento y en particular en la llamada comunicación independiente, han servido de soporte para las más relevantes movilizaciones sociales de la década, con una significativa influencia en la producción de subjetividad política, como por ejemplo en los campos de la guerra, las migraciones, la libertad del conocimiento, la precariedad laboral o la vivienda, que surgen de los movimientos sociales para ser asumidos posteriormente, en diverso grado, por la opinión pública y las políticas gubernamentales. Indymedia, una red global de comunicación independiente (http://www.indymedia.org), con varios nodos en el estado español, es uno de los casos de mayor interés en este ámbito.

En tercer lugar en esta breve relación, mencionaré los llamados centros sociales de nueva generación (Carmona, 2008). Partiendo de la tradición de los centros sociales ocupados autogestionados (CSOA) de los 80 y principios de los 90, en la última década se desarrolla una intensa experimentación en busca de nuevos espacios sociales, nuevos equipamientos o instituciones de gestión ciudadana (aunque este término deba ser usado con precaución) en los que se investiga teórica y prácticamente las nuevas condiciones de la vida metropolitana, la autonomía y la participación política. Generalmente se ubican en edificios abandonados que son ocupados y recuperados mediante el trabajo cooperativo y la alianza entre diferentes saberes sociales, tecnológicos, educativos, relativos a los cuidados, relacionales, ecológicos, políticos, artísticos. Desde ellos han partido algunas de las iniciativas políticas más experimentales de los últimos años. Entre otras, cabría mencionar el movimiento MayDay, una red europea para la investigación y acción sobre la precarización, no sólo laboral sino de la vida toda,- un término que a partir de que se lanzara desde estos ámbitos hacia el año 2001, se ha convertido con el tiempo en uno de los tópicos del debate político oficial. O la constitución de la red estatal de Oficinas de Derechos Sociales, espacios, de nuevo, de investigación, autoorganización y prestación de servicios, que se proponen como una alternativa a los sindicatos tradicionales para los nuevos trabajadores precarios, temporales, migrantes.

En esta red de espacios sociales que estimo deberían ser estudiados por arquitectos y urbanistas para imaginar el proyecto de la metrópolis del Flex Deal destacan o han destacado en el ámbito estatal, la Casa Invisible de Málaga, que cuenta incluso con una Universidad Libre y Experimenal (Ulex), el Centro Vecinal Pumarejo, el CSOA Sin Nombre, la Fábrica de Sombreros, el Huerto del Rey Moro, el CSOA Casas Viejas (recientemente desaparecido) en Sevilla, las diferentes encarnaciones del Laboratorio de Lavapiés (desaparecido) y el Patio Maravillas, con su extraordinaria Hackademy, en Madrid y el Ateneu Candela de Terrasa, Barcelona.


Epílogo, ciudades de ciencia ficción

Alguna persona de la que he recibido comentarios me dijo que le parecía una bella utopía. Sin menospreciar el valor de las utopías, considero que esta reflexión sobre la metrópolis del Flex Deal es una colección de estrategias concretas, que efectivamente ya están siendo puestas en práctica en muchos lugares, y que podría servir de base para su aplicación con una más amplia participación social y de forma más extensa. Una aplicación que debería tener un carácter no tanto programático, como lo tuvo el proyecto de la Modernidad, sino como diría una vez mas Guattari, diagramático; en cada lugar y en cada situación tendría un carácter diferente, que reconociera las singularidades sociales, culturales, económicas, climáticas… Sin duda, estos conceptos necesitarán ensamblarse con otros de tipo económico-financiero, jurídico e institucional y no serán viables sin una significativa regulación del carácter predominántemente mercantil que el suelo y la vivienda han tenido durante los últimos años.

En las actuales circunstancias, este diagrama que relaciona globalización, flexibilidad, digitalización y ecosofía en un proyecto de nuevos derechos y libertades puede constituir un marco para el diálogo creativo entre los teóricos y pensadores clásicos de la arquitectura, l*s arquitect*s y urbanistas, y los movimientos sociales críticos, con el objetivo común de imaginar nuevas ciudades, que difícilmente pueden desearse si no se visualizan, si no tienen un cuerpo, si no se experimentan. Ciudades de ciencia ficción, que tantas veces, acaba haciéndose realidad.


En Carmona, Sevilla, agosto de 2008


Notas

(1) Texto basado en la ponencia marco presentada por el autor en el IV Foro de Urbanismo del Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España, celebrado en el Colegio Oficial de Arquitectos de Murcia en mayo de 2008. José Pérez de Lama es Dr. Arquitecto y Profesor Ayudante Doctor de la Universidad de Sevilla. Lo que aquí se presenta es una síntesis propia, aplicada al campo de la ciudad, de las hipótesis teóricas y experimentos que se han venido desarrollando y poniendo en práctica en el ámbito de los movimientos sociales globales durante la última década, cuyas fuentes se van citando a lo largo del texto y en la sección final de notas y bibliografía.

(2) Entre los múltiples nombres que recibe el tiempo contemporáneo creo que estos dos son los más adecuados. Posfordismo, usado por Edward Soja, contesta en cierto modo el término posindustrial que tuvo algún éxito en los años 90. Con posfordismo, Soja señala que la desaparición de la industria no es un rasgo definidor de nuestro tiempo, sino que ésta se ha desterritorializado globalmente y se organiza de una forma nueva, diferente de la de la sociedad industrial que se suele denominar fordista. Sociedad red, usado por Manuel Castélls, subraya la dimensión reticular de que participan, no sólo la economía, sino también las tecnologías, las sociedades y las culturas contemporáneas. Considero ambos términos más precisos que otros también usados como posmodernidad, sociedad de la información, globalización (capitalista) o capitalismo cognitivo.

(3) Sobre la creative class puede leerse el libro que introduce el término: Richard Florida, 2004, The Rise of the Creative Class. Una aproximación crítica a la cuestión se encuentra en: Geert Lovink y Ned Rossiter (editores), 2007.

(4) Posmetrópolis es un término empleado por Edward Soja (1996) para señalar la diferencia cualitativa entre la realidad urbana y territorial contemporánea respecto de la de las metrópolis (industriales) del siglo 20.

(5) Esta interpretación es deudora de mis conversaciones con Francesco Salvini, investigador metropolitano actualmente haciendo sus estudios de doctorado en el Queen Mary's College, Londres.

(6) La taxonomía de la composición del trabajo en el mundo contemporáneo viene siendo bastante discutida. He tomado para este trabajo la propuesta por el grupo italiano Chain Workers hacia 2001, por parecerme razonablemente clara y descriptiva, aunque ha recibido diversas críticas como la de que no refleja suficientemente la importancia del trabajo relacional y afectivo, y en particular el llamado devenir mujer de las nuevas formas del trabajo. Otra aproximación a la cuestón de gran interés, a mi juicio, la constituye la asociada al concepto de cuidadanía  - de cuidados – (Junco, 2007).

(7) El Chaos Computer Club y los 2600 (26 Hundreds) son las dos más importantes asociaciones de hackers en torno al cambio de siglo, la primera de ellas basada en Alemania, la segunda en California.

(8) Proyecto ganador del concurso internacional para la construcción de una espacio para la libertad, para las libertades, frente a la estación de Santa Justa en Sevilla, 2006. El equipo redactor del proyecto estaba compuesto por Morales De Giles Arquitectos, hackitectura.net y Esther Pizarro. Hackitectura.net (Sergio Moreno, Pablo de Soto y el autor de este texto) continuó desarrollando el concepto digital del proyecto con el nombre de wikiplaza. Actualmente el desarrollo de la wikiplaza está siendo mostrado en la exposición Banquetes y Nodos, en Laboral Centro de Creación Industrial, Gijón; se presentará próximamente en el centro de arte digital ZKM de Karlsruhe. Puede consultarse la documentación del proyecto en http://mcs.hackitectura.net.

(9) El tema de la singularidad se basa en argumentos filosóficos de Spinoza que son retomados por Deleuze y Guattari. Puede verse Larrauri 2003.

(10) La licencia Creative Commons (http://creativecommons.org/) es una extensión el concepto de la licencia del software libre (GPL: General Public License) a otros campos de la producción científica y cultural. Entre otras iniciativas pioneras sobre este tema en el estado español, la sevillana Asociación Arquitectura y Compromiso Social (http://www.arquisocial.org) convoca un encuentro y concurso, titulado Caja de Herramientas, en el que proponen trabajar combinando licencias libres y reciclaje, que considero de gran interés.


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