2.5 Centros sociales contra la explotación metropolitana. casa invisible
Precari@s en movimiento, Málaga. Abril de 2008
01. Hipótesis de partida
El análisis que pretendemos esbozar en las siguientes páginas arranca de una hipótesis central que resumimos de la siguiente manera: los espacios/tiempos tradicionales de sociabilidad de la metrópolis fordistas se hayan en crisis, precisamente como causa de los cambios en los modos de producción postfordista. Veamos algunos aspectos en los que se concreta esta hipótesis:
• Barrios/tiempo de reproducción: el diseño de los espacios públicos actuales los convierte en lugares para el tránsito y el consumo, restringe su uso, los somete a control...
• Centros de trabajo/tiempo de trabajo: vivimos una época de atomización de los trabajadores, de una alta tasa de temporalidad y rotación, de rechazo subjetivo hacia todo lo relacionado con el trabajo...
No pretendemos decir que éstos sean espacios exentos de sociabilidad, sino mostrar la tendencia a su pérdida de protagonismo en favor de otros espacios/tiempos metropolitanos emergentes, tales como:
- Ocio: es el espacio/tiempo de sociabilidad predominante, sobre todo debido a los cambios de producción y la consiguiente paradoja “ocio como neg-ocio”.
- Virtual: es un espacio que gracias a las transformaciones tecnológicas permite accesibilidad, afinidad inmediata, colocarse el “antifaz” anónimo, sociabilidad autogestionada (momento, intensidad...); supone, en definitiva, una línea de fuga del control/restricción del espacio público/comunicación.
- Centros comerciales: que se han convertido en las auténticas fábricas del siglo xxi, y en los que se da una conjugación virtuosa de espacios/tiempo de ocio y trabajo.
- Focos temporalmente autónomos: grafitis, skaters, botellones, rave, ocio de comunidades migrantes, centros sociales, etc., es decir, encontramos conatos-focos de sociabilidad autogestionada y descontrolada, fuga de la governance.
02. Centros sociales como atractores de flujos metropolitanos
Los centros sociales van más allá de un espacio y su gestión: son atractores de permanentes flujos metropolitanos que llegan, transforman el espacio y su contenido, al tiempo que se transforman a sí mismos. En ellos, por tanto, hay dos factores determinantes:
• Sociabilidad: en cuanto espacios de encuentro, agregación, contagio, cooperación, autoorganización, conflictividad sociopolítica...
• Espacios de cultura libre y autoorganización sociopolítica: con mayor peso de una u otra dimensión, aunque la una lleva a la otra y viceversa.
Más allá de esto dos factores, lo verdaderamente significativo de los centros sociales y su relación metropolitana es, como mencionábamos, su carácter de espacios atractores permanentes de flujos que se encuentran y recombinan en deseos comunes, que se traducen en procesos y experiencias, en constante mutación y construcción:
El Centro Social es por tanto un lugar físico y temporal de encuentro y transformación de los flujos; los mismos que el gobierno metropolitano trata de interceptar, ordenar y poner a valorar productiva y políticamente pero que, en este punto de crisis, sufren una modificación que los trastorna y los pliega de forma imprevista, a veces intempestiva, siempre alteradora. El Centro social no gobierna los flujos, para entendernos, más bien los llama y los atrae todos a decidir sobre su propia ingobernabilidad1.
03. Análisis reflexivo: de la Casa de Iniciativas a la Casa Invisible
La Casa Invisible, abierta en marzo de 2007, surge de una situación de grupo estático (flujos trabados) en el seno de la Casa de Iniciativas2, en la que ya no se producían agregaciones debido a causa de diferentes motivos:
— Carácter un tanto impermeable de un grupo muy consolidado.
— Prejuicios externos.
— Espacio pequeño y en permanente rehabilitación. — Grupo que responde en momentos claves, pero que en el cotidiano no está presente.
— Apatía, falta de “pasión política”.
Se opta por un proceso recombinante con sectores de la cultura de base, colectivos conservacionistas del entorno de Málaga no se Vende,así como otro grupo que por entonces se estaba planteando ocupar un nuevo espacio en la ciudad. La pretensión principal era la de generar un foco atractor de nuevos flujos y subjetividades, con la “cultura libre” en el centro, ya que habíamos detectado que era una temática capital en el descontento de nuestro entorno, tal como habíamos detectado en el I Festival de Cultura Libre, en marzo de 2006, para el que se ocupó el Cine Andalucía, en pleno centro de la ciudad, durante un fin de semana. El Festival fue organizado desde el Centro Social-Casa Iniciativas y Precari@s en movimiento.
Difícilmente hubiese sido posible una Casa Invisible sin el aporte de la Casa Iniciativas: el proceso acumulativo de 10 años ha sido y sigue siendo clave. En la actualidad, la Casa de Iniciativas se encuentra en un punto de inflexión/punto muerto, si bien continúa siendo un pulmón clave para la Casa Invisible y la metrópolis malagueña en general. Dentro de este centro social, aún goza de excelente salud el bar cooperativo “La Ceiba” —que cuenta ya con siete años de vida— y está por iniciarse una cooperativa de serigrafia, mientras que las obras de la casa siguen su largo camino, a la espera de poder ofrecer sus instalaciones plenamente recuperadas para uso y disfrute de todas.
Los inicios de la Casa Invisible fueron duros hasta que, por un lado, se consolidó un proceso negociador con el ayuntamiento que paralizase la amenaza de desalojo inminente y, por otro, hasta que se ha llegado a una definición clara del proyecto, mayor cohesión grupal (confianza, sintonía), y unos mínimos acuerdos de convivencia.
Paralelamente, los contenidos de la Casa alcanzan un nivel sorprendente ya desde los primeros días de la ocupación, cuando se celebra el II Festival de Cultura Libre, que será el arranque de una abrumadora programación. Encontramos así un permanente flujo/agregación de nuevas potencias, situaciones en las que cuesta creer que todo salga hacia delante, como si se tratase una máquina invisible, cuyos mecanismos son prácticamente imposibles de describir: la agregación aforme de la inteligencia colectiva lo hace posible. Esta inteligencia colectiva puesta a producir, obliga a un ayuntamiento con mayoría absoluta del PP a abrir un proceso negociador con unos “okupas” y a reconocer/legitimar públicamente la calidad del proyecto y contenidos de la Casa Invisible.
04. Retos y desafíos
La situación actual, tras un primer año de vida, nos coloca ante dos retos inminentes:
- Afianzar pública e institucionalmente el proyecto, dar una nueva “vuelta de tuerca”, erradicar cualquier mínima referencia a un posible desalojo. En la Casa Invisible no cabe vuelta atrás.
- Dotar de cuerpo político a la Casa Invisible: el contenido político se viene gestando desde la Asamblea de la propia Casa, así como desde Precari@s en movimiento (alma política de Casa de Iniciativas). Sin embargo, la Asamblea de gestión no parece el escenario adecuado para la construcción política (que requiere de otros ritmos, espacios, complicidades, intimidad, etc.). A su vez, Precari@s en movimiento no deja de ser un cuerpo “heredado” de la Casa de Inciativas, lo que provoca que, en cierta medida, se viva como un motor político ajeno al de la propia Invisible, en construcción incipiente.
La denominación del nuevo cuerpo político que surja resulta del todo indiferente: seremos Precari@s en movimiento, Precari@s en movimiento mutará en algo distinto (no sería la primera ni última ocasión en que algo así sucede) o un nuevo grupo se conformará enteramente. Es ésta una de las grandes potencias de los centros sociales, su capacidad para mutar, su carácter nómada, su versatilidad para la desterritorialización.
Lo que no deja de crecer y aglutinar es “el común”, esto es, un patrimonio acumulativo e innegociable, que no puede ser comprado ni obstaculizado, y que no es otra cosa que la comunidad/inteligencia colectiva. Sólo por eso la Casa de Iniciativas es clave para La Invisible.
Nuestro desafío es, pues, articular dispositivos políticos como la Casa Invisible, Precari@s en movimiento, la Oficina de Derechos Sociales, la Coordinadora de Inmigrantes de Málaga, etc., hacia un sindicalismo social que nos permita la conquista de derechos y el desarrollo de herramientas de desprecarización cotidianas. Desde ahí seguiremos extendiendo redes y alianzas en vías de un contrapoder autónomo, metropolitano, sí, pero opuesto a la metrópolis capitalista que habitamos.
Sin duda, estos mismos retos son extensibles más allá de nuestra realidad local. Debemos, por un lado, afianzar los centros sociales como “derecho metropolitano”, sobre todo ahora que los casos de Seco y Eskalera Karacola en Madrid, así como el desalojo de Casas Viejas en Sevilla, suponen un antes y un después en el imaginario colectivo, y más aun cuando el Patio Maravillas de Madrid o la Casa Invisible de Málaga han adquirido en escaso tiempo de vida una legitimidad incuestionable, la misma que, por ejemplo, y dada su consistencia, vemos en el Ateneu Candela de Terrassa.
Igualmente, y por otro lado, se consolida un cuerpo político común, cocido al calor de prácticas parejas en nuestras respectivas realidades, que articulan un movimiento político vertebrado desde los centros sociales y que ponen en el centro la cuestión de la precariedad (en el sentido amplio) con una tendencia hacia la constitución de nuevos sindicatos sociales.
0.5 Desde dónde partimos
En este caminar tenemos que reconocernos, saber desde dónde partimos. Lo hacemos desde una nueva composición de la clase trabajadora, que podemos denominar —una vez más— de maneras distintas, pero que ya no es la misma que la que representaron anteriores generaciones. No resulta acertado utilizar términos idénticos (“clase trabajadora”, “proletariado”, etc.) para mencionar conceptos diferentes. Tenemos mucho en común con esta antigua composición de clase y no renegamos de nuestro “hilo rojo y negro”, pero estamos obligadas, como en su momento hicieron esas generaciones, a reinventarnos, a dotarnos de nuevas herramientas de contrapoder desde las que recuperar y conquistar antiguos y nuevos derechos adaptados a nuestras realidades.
Ésa es la razón de que nos denominemos “precari@s”. Se trata de un concepto que no sólo nos define en primera persona, sino que también nombra una condición vital instaurada, basada en la carencia, y en la que el chantaje de la renta como única vía de adquisición de derechos vitales y cotidianos viene indisociablemente vinculada al trabajo asalariado. Paradójicamente, nuestra vida —más allá del clásico trabajo asalariado y reproductivo— es puesta a producir: nuestros saberes, nuestras habilidades relacionales y comunicativas, nuestras redes sociales, nuestra creatividad, etc., generan una riqueza de la que no obtenemos parte alguna o, en el mejor de los casos, sólo migajas.
Partimos, pues, desde la precariedad como estatus personal y vital, y únicamente nos queda reconocernos como iguales para afirmarnos y autoorganizarnos (es nuestro “orgullo precario”) contra esa misma precariedad.
Por otro lado, este amplio espectro que denominamos “precari@s” es muy diverso y complejo, puesto que engloba a la casi totalidad de la sociedad. Sería muy pretencioso afirmar que en nuestros centros sociales se dan cita de manera cotidiana todas estas tipologías de la precariedad. Sí podemos reconocernos, sin embargo, en dos figuras que se entrecruzan constantemente por nuestros pasillos: la de jóvenes precarias y precarios cualificados técnica y culturalmente, y la de migrantes. No podemos dejar de mencionar, en nuestro caso concreto, la importante agregación y aportación de personas de mayor edad, lo que de algún modo nos rescata de nuestra clásica “horfandad política” (Dictadura, Transición, Pactos de la Moncloa, heroína... todo lo cual dificultó la sedimentación histórica de la incipiente autonomía obrera de los años setenta).
La posibilidad de que se agreguen otros sectores de la precariedad depende de la manera en que declinemos nuestras prácticas, de la consolidación de las distintas cooperativas, y sobre todo de herramientas de desprecarización como la Oficina de Derechos Sociales, que nos pondrán en contacto y relación con otros conflictos y realidades. En suma, hablamos de la posibilidad de recombinarnos desde la autoorganización y la lucha.
06. Obstáculos
Evidentemente, no son pocos los obstáculos que nos encontramos y que derivan de nuestra propia condición de precari@s. Sin ánimo de resultar exhautivos, enumeramos algunos de estos obstáculos:
- Las dificultades en el acceso a la renta nos obliga a salir al mercado laboral y restar tiempo y energía a nuestros proyectos. Una posible vía de escape pasa por la consolidación de las distintas cooperativas, y por recuperar renta y recursos del Estado.
- La diversidad y complejidad de nuestros proyectos, junto con esta absorción del tiempo/energía por el mercado laboral, deriva en ocasiones en una excesiva dispersión. Con todo, hemos aprendido que, si bien en ocasiones parece que apostamos muy fuerte, ese común invisible acaba por encontrar soluciones; por otro lado, si conseguimos armarnos de la suficiente paciencia con las distintas iniciativas y procesos, descubriremos al mirar atrás todo lo que hemos sido capaces de eregir, sin prisas pero sin pausa.
- Nuestra propia fragilidad, que en ciertos momentos nos lleva a creer que cualquier “zarpazo” represivo nos borrará del escenario. Por el contrario, hemos desarrollado una gran habilidad de zigzagueo frente al poder para así buscar líneas de fuga y seguir creciendo y acumulando. De manera paralela y paulatina, conseguimos una legitimidad y consenso social suficientes para que las admistraciones se lo piensen dos veces antes de dar rienda suelta a su aparato coercitivo.
- Impedimentos a la hora de consolidar un verdadero trabajo político en torno a la hipótesis de un nuevo sindicalismo social, que trascienda lo meramente laboral pero que inevitablemente contemple esta dimensión. Nos enfrentamos a una composición subjetiva que rechaza todo lo relacionado con el mundo laboral, cuyas prácticas cotidianas tienden permanentemente a evitarlo, pero que es consciente de su presencia insoslayable en mayor o menor grado.
07. Amenazas
De forma igualmente somera, intentaremos a continuación señalar algunas de las amenzas que acechan en nuestra rutina:
- Volcarnos excesivamente en las iniciativas de cooperativas, la gestión cotidiana de los centros sociales (mantenimiento, contenidos, regulación de conflictos, etc.) o de las distintas herramientas de desprecarización como las ODS, puede conducir a un devenir empresas sociales y/o servicios sociales externalizados. Si bien son la mejor manera de obtener renta, y el mejor antifaz de cara a los poderes públicos, deben ser siempre un medio, nunca un fin.
- En esta misma línea, los poderes públicos más perspicaces pueden diferir esa externalización de servicios a los propios centros sociales, y por tanto absorberlos e introducirlos en los circuitos de governance (gobernabilidad). A su vez, las posibles relaciones de financiación pueden aniquilar la condición de movimiento autónomo.
Toda esta maquinaria de extracción de renta material e inmaterial debe canalizarse hacia la constitución del centro social como un sujeto político metropolitano, una “institución política” capaz de generar un contrapoder autónomo frente a la metrópolis capitalista, de mantener y conquistar derechos para el común. Todo esto, insistimos, nos obliga a no extraviarnos en la mera gestión y reproducción del centro social ni a permitir que las líneas de financiación estatal marquen el qué, cómo y cuándo.
Aun así, corremos el riesgo de constituirnos en una especie de representantes del movimiento, en un poder estancado y estático, enrocado sobre sus conquistas, legitimidad e imaginario, cerrado sobre sí mismo, autorreferente, cuando el verdadero punto de referencia se halla en la potencia y la participación, nunca en el poder y la representación.
La manera de sortear semejante riesgo radica, una vez más, en el común y la capacidad del centro social para atraer flujos de subjetividades, de subversión e insurgencia, de inteligencia, de potencias en definitiva. El común y el centro social, si no pretenden tornarse estáticos, latentes, empantanados, deben resultar algo más que meros atractores de flujos y extenderse horizontalmente por la trama metropolitana, recombinándose, mutando, y así tejer redes y alianzas. Aunque caigan las cooperativas, aunque desalojen el centro social, repriman y destruyan nuestras “instituciones políticas”, el común no dejará de existir y acumular. No dejará de reaparecer.
08. A modo de herramienta: rasgos, saberes, prácticas, hipótesis acumuladas en una trayectoria de 10 años
Mediante un sencillo cuadro sinóptico, elaborado a un año de su creación, pincelamos aquí las características fundamentales de la Casa Invisible (centro social y cultural de gestión ciudadana), que fluyen —aunque no sólo, ni mucho menos— de ese manantial llamado Casa de Inciativas. Se trata simplemente de un esbozo que puede ayudar a comprender nuestra realidad, así como una herramienta posible para intentos similares en otros centros sociales, al tiempo que hipotética guía de debate.
> Carácter político
1. ¿Dimensión pública-política o gestión de un espacio?
• Trascendencia más allá del espacio y su gestión.
• Carácter político de los espacios: investigación-acción desde y contra la precariedad (derechos laborales, renta, ciudadanía, espacios públicos, vivienda, cuidados, cultura libre...).
2. ¿Vocación de construcción de movimiento o movimiento autorreferente?
• Carácter autónomo.
• Vocación constituyente de movimiento político más allá de nuestro espacio, creación de redes o alianzas basadas en convergencia política y planificación estratégica, o alianzas situacionales, sin perjuicio en ningún caso de la autonomía política.
> Relación con la metrópolis: estado y mercado. 1. ¿Sólo confrontación con Estado y Mercado, o también diálogo y acuerdos?
• Relación conflictiva con el Estado, sus Instituciones y el Mercado.
• Conflicto implica relación (y viceversa), y en él hay tiempo para la confrontación y tiempos de diálogo y acuerdos.
2. ¿Resistencia antirrepresiva-afirmativa, o también negociadora?
• Procesos de diálogo-negociación con las Instituciones.
• Vocación constituyente de derechos: "los centros sociales se quedan”.
3. ¿Autogestión, autogestión/economía social, o autogestión/economía social/financiación estatal? ¿Autogestión es equivalente a autonomía, y viceversa?
• Relación conflictiva y dimensión política implican confrontación con el Estado y el Mercado (“contrapoder”), a la vez que apertura de procesos autoorganizativos de desprecarización que se reapropien de recursos, riqueza, derechos que nos corresponden aquí y ahora (“doble poder”).
• En su relación conflictiva con el mercado, el carácter autónomo no está reñido necesariamente —si bien puede estarlo, evidentemente— con abrir experiencias autoorganizativas de economía social. Ni en su relación conflictiva con el Estado lo está con la adquisición/recuperación de recursos materiales o económicos de las Instituciones. Negar estas posibilidades tampoco asegura la autonomía política.
> Relación con la metrópolis: ciudadanía
1. ¿Salimos del guetto, o nos afirmamos en él? ¿Acumulación histórica, o permanente revisión?
• Carácter abierto “al afuera” -gestión ciudadana, ruptura con dinámicas de gueto e identitarias.
• Apertura respetuosa con las trayectorias acumuladas, abierta al debate, al tiempo que igualmente respetuosa con los acuerdos y organización recientes.
2. ¿Planificación o adaptación/improvisación? ¿Debate y acuerdos de convivencia, o debate (si acaso) y cada cual a lo suyo (“somos libres”)?
• Procesos experimentales no estáticos, en permanente adaptación a las situaciones y flujos que sobrevienen, al tiempo que dotados de una proyección y planificación estratégicas.
• La paradoja “apertura/experimentación proyección/acumulación” conlleva diversidad y conflicto que se abordan desde el debate y los acuerdos políticos y de convivencia, para así equilibrar la paradoja “libertades individuales-libertades colectivas”.
3. ¿Asambleari@s horizontales, o asamblearismo?
• Gestión horizontal-asamblearia, asamblea como espacio de debate, planificación, regulación de conflictos, toma de acuerdos de convivencia...
• Gestión cotidiana por comisiones/áreas de trabajo coordinadas por la Asamblea.
• Distinción entre gestión/responsabilidades cotidianas y asistencia a la Asamblea.
> Algunos datos descriptivos:
1. Composición por edades:
• Niñ@s: pasan puntualmente con sus familias; ocasionalmente hemos contado con actividades para este sector pero no de modo permanente.
• Ancian@s: no hay prácticamente presencia; requeriría adaptar contenidos; ha habido alguna propuesta de escuela de adult@s pero no ha cuajado
• Mediana edad: no predominan, pero sí hay una presencia considerable, tanto en actividades como en la gestión cotidiana (mantenimiento, mediación, Ulex...), pese a la horfandad generacional de la autonomía.
• Jóvenes: es la composión predominante.
2. Composición precaria en la gestión cotidiana: • Migrantes: jóvenes “diluid@s” con autócton@s, Coordinadora de inmigrantes.
• Jóvenes: con cualificación técnica y cultural. • Composición más allá de la “precariedad convencional”: presencia considerable tanto en la gestión cotidiana como en las actividades de adult@s de mediana edad con cualificación técnico-cultural y del ámbito académico.
> Contenidos políticos:
• Cultura libre/comunicación. Es el contenido predominante, también como estrategia comunicativa de cara al exterior: Creador@s Invisibles (creación, formación, muestra);Universidad Libre Experimental (Ulex); Asamblea de Mujeres; Festival de Cultura Libre (tercera edición coincidiendo con el primer aniversario de La Invisible); Alfombra roja para tod@s; Cine Club Copyleft; Indymedia Estrecho (http//:estrecho.indymedia.org).
• Renta/Trabajo. También desde muy pronto ocupó un lugar predominante en la Casa: cooperativas (barra, tetería, técnic@s, panadería, comedor); Mayday Sur 07; Precari@s en movimiento; Oficina de Derechos Sociales (ODS); proceso embrionario de asamblea de trabajador@s de acción social; talleres, seminarios, encuentros, etc.
• Libre Circulación/Migrantes/Ciudadanía: presencia frecuente y relación permanente con Coordinadora de Inmigrantes de Málaga (reuniones, talleres, seminarios); ODS (Oficina de Derechos Sociales); espacio cotidiano de sociabilidad.
• Vivienda: experimentación con residencia; experiencia de ocupación de vivienda; ODS.
• Espacio público: lo que supone la Casa en sí como espacio público para la metrópolis; espacio frecuente de reunión de colectivos y redes conservacionistas contra la especulación (Málaga no se Vende); acciones puntuales de ocupación del espacio público; Cartac (cartografias tácticas): presentación, relación, investigación con el entorno (vecindario).
• Cuidados: espacio de sociabilidad, afectos, cuidados cotidiano.