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Granada libre de coches y motos

GRANADA LIBRE DE COCHES Y MOTOS:
Sobre nuestros pasos acecha el rugir de la retrocuenta hacia uno de los estallidos arrolladores que aceleran vertiginosamente el pulso del planeta. Tragamos humo por un tubo durante nuestro paso a tempo de rojo y verde sobre las manchas blancas que salpican la inmensidad del asfalto. Clavamos las uñas en la Tierra, nos manchamos de barro para sostenerla, haciéndola firme, porque es donde vivimos, comemos, bebemos, respiramos y nos encontramos.

Los hay que se creen dueños de todo, como si esto fuera su cortijo. Y están muy convencidos de ello, por la legitimidad que le da el dinero. Imponen un modelo irreversible plagado de campos de golf, urbanizaciones, centros comerciales, polígonos industriales… que nos impide el acceso a la vivienda, que nos quita el agua, que elimina la agricultura, que destruye el paisaje, la cultura y la identidad local, que nos cierra negocios locales a través de centros comerciales, que privatiza nuestros espacios y nos trae la destrucción con grandes infraestructuras en forma de autopistas, carreteras, aeropuertos, canteras, puertos, teleférico, presas y trasvases...

La construcción de grandes infraestructuras no va a cesar, pues así lo exige la economía de mercado, así como, la producción y el transporte irracional de mercancías y de los trabajadores que las manejan y las compran. Las mercancías deben circular lo más rápido posible de un lugar a otro del planeta, la circulación de coches y camiones no va a dejar de crecer.

Además, el coche y la moto en sí llevan consigo un urbanismo, una sociedad, una forma de vida, una determinada relación del ser humano con la velocidad, el ritmo y el espacio donde vive. El coche y la moto privatizan el espacio, se lo roba a las personas, de forma que el vecino permanece aislado en su casa relacionándose con la calle como si ésta solo fuera un gran corredor por el que se traslada de un lugar a otro. La calle se convierte en mero tránsito matando las posibilidades en ella de encuentro, fiesta, organización, juego.... En la ciudad, se abren paso las calles muertas, enterradas bajo el asfalto, para la circulación de mercancías y trabajadores/consumidores, se multiplican los aparcamientos, los cruces, los túneles, las carreteras, los semáforos, la velocidad, la peligrosidad, la insalubridad.... en un ambiente de ruido, humo y velocidad. El coche, la moto y todas las infraestructuras asociadas a éstos militarizan la calle con su disciplina y la uniformidad del tráfico, en definitiva, de todo el diseño urbano. Las poblaciones se hacen a la medida de las máquinas y de sus velocidades estresantes que coloca en una situación de indefensión a las personas, que se ven obligadas a moverse de forma cotidiana grandes distancias y, además, con amenazas constantes, en un ambiente de ruido y contaminación atmosférica. No todas las personas quieren desplazarse a largas distancias cotidianamente, ni depender del coche o la moto para ello, además, el derecho de circular en coche o moto se desarrolla a expensas del propio derecho a la vida y al bienestar de las personas que viven o pasan por donde los coches y las motos circulan. El derecho a tener coche o moto niega el derecho a no tenerlo y niega a la naturaleza su derecho mismo a existir.

Cuando el espacio en el que se desarrollaban la mayor parte de las funciones sociales de las sociedades tradicionales comenzó a ser invadido por los automóviles, arruinando estas actividades y provocando infinidad de muertes, las reacciones sociales no se hicieron esperar. La resistencia a adoptar la forma de vida y la forma de sociedad que exigía el coche no fue aceptada de buenas a primeras. Por supuesto, no hubo un debate social sobre si se quería o no implantar el automóvil. Cuando la proliferación de automóviles extendió la inseguridad por calles y carreteras, provocando miles de muertos y obligando a los ciudadanos a cambiar profundamente sus pautas de movilidad, y a renunciar prácticamente por completo a la utilización del espacio, la organizaciones interesadas (industria automovilística, industria de las obras públicas, departamentos gubernamentales, cuerpos técnicos, clubs de automovilistas, etc.), se vieron obligadas a ir construyendo la "Teoría de la Seguridad Vial". Se gastaron enormes cantidades de dinero en adoctrinar al pueblo en cómo funcionaba la nueva ciudad: que significaban las luces de los semáforos, como debían ahora comportarse en la calle, etc. Y, por supuesto, anuncios por todas partes sobre la maravillosa libertad que traerían los coches. Cuando, en realidad, el coche es el símbolo de la libertad en el atasco, de independencia atado a hipotecas, de poderío cuando es la máquina quien hace todo por uno. Todo menos comer, para dar de comer a nuestros coches mueren miles de personas en guerras genocidas.

El discurso de la seguridad vial ha sido construido sobre la idea de que la expansión del automóvil es debida a que las personas desean tener más automóviles, más confortables y más rápidos, y desean acceder en ellos al mayor número posible de lugares con la mayor velocidad posible. Independientemente de que existan o no estos deseos universales (y de que, en la medida en que existan, sean espontáneos y naturales en las personas, como asegura la industria del automóvil, o bien sean construcciones mediáticas y culturales creadas por ella misma) su aceptación como premisa básica para la organización del transporte significa poner en circulación millones de vehículos de gran masa y velocidad, conducidos en su inmensa mayoría por conductores no profesionales y atravesando zonas habitadas. Es fácil comprender que la situación que se genera de este modo es insegura para las personas. Sin embargo, los accidentes de tráfico mortales nunca se han planteado como responsabilidad de algún estamento económico o institucional. Pero, las matanzas diarias del tráfico son algo muy distinto a fatalidades de responsabilidad individual, que es como son presentadas por las industrias interesadas y por las administraciones competentes. Desde la antigüedad, los peligros que acechan al viajero han sido contemplados como algo consustancial al viaje. El avance en la seguridad del transporte ha sido incesante a lo largo de la historia de la humanidad. Sin embargo, este proceso histórico se truncó con la aparición del automóvil. Tanto la frecuencia como la gravedad de los accidentes de transporte, que habían venido descendiendo lenta pero firmemente a lo largo de los siglos, volvieron a incrementarse en los países en los que se introdujo el automóvil, a un ritmo que no se había visto nunca con anterioridad en toda la historia humana. En poco más de un siglo (el primer peatón muerto lo fue en 1896, y el primer conductor en 1898), la industria del automóvil ha prosperado como nunca antes lo había logrado ninguna actividad económica en la historia, pero este éxito industrial se ha conseguido a costa de crear un problema sanitario, económico y humano de proporciones sin precedentes, que ya es, de hecho, uno de los más graves a los que tiene que enfrentarse globalmente la sociedad en el siglo XXI.

En consecuencia, se hace necesaria, una crítica al modelo social con sus centros comerciales, sus autopistas, sus planes urbanísticos, etc. Que nos quiere hacer creer que la implantación de infraestructuras atiende a criterios humanos antes que a criterios macroeconómicos. Este desarrollismo conlleva una dependencia creciente. La elección debe ser la autonomía local, la capacidad de toma de decisiones en cada barrio y en cada pueblo, entendiendo que la libertad se basa en la toma de responsabilidades y no en su delegación, no aceptar voluntariamente la servidumbre a unos criterios económicos que significa renunciar a cualquier esperanza de libertad y de control sobre nuestras propias vidas. Es preciso una organización social que tenga como objetivo cubrir necesidades fundamentales y no un crecimiento económico sin relación con la realidad humana que ya está pasando factura, como el cambio climático, entre otras muchas, que tiene su origen en el capitalismo.

Partes del texto copiadas de:
granadaviaverde.blogspot.com
lagranadaquequeremos.blogspot.com
www.anticivilizacion.tk
reclaim the streets
José Santamarta Flórez, World Watch
Los accidentes de automóvil: una matanza calculada. Antonio Estevan
Asamblea contra el tren de alta velocidad de Bilbao
 
 

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