Han pasado ya dos años desde que en marzo de 2007 una amplia red de ciudadanos decidieran ocupar y abrir un espacio de producción cultural y artística en pleno centro histórico. El colectivo, formado por urbanistas, intelectuales, profesores universitarios, vecinos y creadores locales, ha desarrollado desde entonces una intensa programación cultural al tiempo que ha iniciado la rehabilitación del inmueble.
LA CULTURA LIBRE
La cultura hoy día, convertida en una mercancía más, agoniza en museos de interiores fosilizados, apellidos de prestigio únicamente mediático, presupuestos estériles y gestoras de derechos de autoría. Frente a ese modelo, La Casa Invisible se erige como un laboratorio de saberes y creatividad, un catalizador de experimentos en el que la cultura, mediante un flujo constante, es devuelta a la misma sociedad de la que nace. Decenas de talleres, desde capoeira hasta baile flamenco pasando por interpretación dramática o canto, exposiciones, áreas telemáticas, programas de radio, actuaciones teatrales y circenses, conciertos, seminarios, etc., conforman una programación abrumadora que es gestionada por sus propios participantes y promotores. La Casa Invisible, por tanto, implanta un modo de hacer política enraizado en el contexto de crisis y precarización actual.
METRÓPOLIS Y PRECARIEDAD
Nuestras estructuras relacionales, nuestra cultura compartida a través de licencias libres y códigos abiertos, nuestros flujos de saberes en constante recombinación mediante el catalizador que son los centros sociales, nuestra sexualidad y nuestra emotividad desertoras del heteronormativismo, nuestros cuidados, nuestra aspiración a la sostenibilidad ecológica, a la libre movilidad y a una ciudadanía global, nuestro rechazo al chantaje del trabajo asalariado como único medio de acceso a la renta, nos demuestran que hoy día, más allá de lo meramente laboral, es la vida misma la que se ha puesto a producir. Ese trabajo inmaterial sólo puede ser subsumido por un poder igualmente etéreo y que se extienda por un espacio también difuso: la metrópolis en su conjunto, lugar de precarización.
En una época de crisis como a la que actualmente nos han abocado, se hace imprescindible comprender que los fenómenos de precarización y explotación de este trabajo-vida son uno de los sustratos materiales para un conflicto social generalizado. La hechura de centros sociales como La Casa Invisible es la suma de subjetividades precarizadas que no sólo resisten, sino que desobedecen frente a las novedosas estructuras y tejidos de poder, que cooperan, subvierten y crean para extender su influencia antagonista en los complejos territorios metropolitanos.
UNA INSTITUCIÓN DEL COMÚN
Cada día, esas subjetividades se combinan y reinventan en algo nuevo que debe escapar forzosamente a la propia Casa Invisible en forma de choque radical contra el escenario sistémico. Estamos hablando, por tanto, de un espacio donde lo privado y lo público, únicamente diferenciados por las instituciones que lo gestionan, son desbordados por lo común. La Casa Invisible es sólo una expresión más de ese procomún que se construye de manera participativa y desjerarquizada y que pretende poner en marcha prácticas que, lejos de ser efímeras, se conviertan en instituyentes. Mitad sindicato social, con iniciativas como la Oficina de Derechos Sociales, mitad organización cultural anómala, alberga un enjambre heterogéneo de cooperación productiva, un espacio de economía social autónoma. Su silueta es la de un sujeto político experimental, una fábrica social autoorganizada. En definitiva, contrapoder territorial metropolitano. Éstas son algunas caras de ese complejo poliedro.
Durante estos dos primeros años de existencia, su abrumadora programación ha contado, entre otras, con la presencia de gestores culturales de la talla de Manuel Borja-Villel (actual director del Museo Reina Sofía de Madrid), intelectuales como el filósofo catalán Santiago López Petit o el experto en participación ciudadana Tomás R. Villasante. Tampoco han faltado figuras de prestigio internacional, como el politólogo Giuseppe Cocco, de la Universidad de Río de Janeiro, o el californiano Richard Stallman, creador de GNU-LINUX. Igualmente destacada ha sido la participación desinteresada de músicos -tal es el caso de Amparanoia-, como significativo resulta que el artista malagueño Rogelio López Cuenca elija la Casa Invisible como lugar de presentación de cada uno de sus nuevos proyectos.
En la actualidad, el Ayuntamiento y los representantes de la Casa Invisible tienen constituida una mesa negociadora, puesto que el inmueble de calle Nosquera es de propiedad municipal. El proyecto cultural de la Casa Invisible pasa por una “gestión ciudadana, elaborada por sus mismos participantes y coordinada de manera horizontal y participativa siempre sin ánimo de lucro”.
La experiencia de la Casa Invisible sitúa a Málaga en un lugar estratégico de la innovación cultural en todo el ámbito andaluz. Así lo han entendido instituciones como el Museo Reina Sofía de Madrid o la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA), ambas interesadas en nuevas formas de experimentación y expresión cultural. Acaban de alcanzar sendos acuerdos para financiar seminarios e investigaciones desde la Casa Invisible en cooperación con la Universidad Libre Experimental, una de las iniciativas que alberga el edificio de la calle Nosquera y que ya ha impartido cursos de libre configuración en la UMA y comenzado la edición de ensayos de temática social (
www.ulexmalaga.blogspot.com).
El primero de estos seminarios tendrá lugar precisamente durante el Festival de Cultura Libre 2009 (
www.lainvisible.net), que contará con la presencia de filósofos de prestigio internacional, como el caso del italiano Maurizio Lazzarato, quien durante los días 20 y 21 de marzo debatirá sobre “El rastro de la crisis en la producción cultural”.
Durante el Festival, que se extenderá desde el día 11-coincidiendo con el segundo aniversario de la Casa Invisible- hasta finales de mes, se realizarán muestras gratuitas de danza, teatro y circo, así como exposiciones, conferencias y cursos de creación audiovisual.
INSTITUYENDO EL MOVIMIENTO
AUTOFORMACIÓN: UNIVERSIDAD LIBRE EXPERIMENTAL (ULEX)
La Universidad Libre Experimental es un dispositivo de producción de conocimientos anómalos, salvajes, irreverentes que se sitúan en el contexto de los procesos sociales vivos, en conflicto y gestación. La ULEX no es un espacio neutro de conocimiento, es más bien un laboratorio, una agencia de producción de saberes-arma, saberes-herramienta capaces de morder la realidad que vivimos. Crear trayectorias colectivas de autoformación aumenta los grados de libertad a la hora de instituir nuevos campos de elaboración e invención social más allá de las cortas miras que precarizan la potencia creativa y cognitiva de sujetos productivos contemporáneos.
Se estructura en diversas Áreas Temáticas y su metodología se basa en talleres, conferencias, seminarios, cursos, lecturas colectivas y la edición de ensayos mediante la colección Cuadernos/Herramienta.
SINDICALISMO SOCIAL: OFICINA DE DERECHOS SOCIALES (ODS)
La ODS es un espacio que surge como defensa en primera persona contra la precariedad y que cuenta, entre otras áreas, con una Asesoría Jurídica sobre asuntos laborales, de vivienda y extranjería. Se trata de un instrumento práctico para convertir los problemas legales de las personas aisladas en procesos de autoorganización social, de creación de redes de apoyo mutuo y en estrategias concretas frente a los abusos legislativos y las carencias de los sistemas de protección social. Es, en conclusión, una nueva forma de sindicalismo social y vital: un “biosindicato” (
odsmalaga (at) gmail.com).
AUTONOMÍA EMPRESARIAL: COOPERATIVAS DE TRABAJO
Las cooperativas laborales, que van desde una tetería hasta una agrupación de técnicos de luces y sonido, se construyen como una deserción en positivo frente a la lógica del mercado de trabajo. Suponen una puesta en común de las capacidades de sus integrantes y un paliativo ante la precariedad económica: una subversión, por tanto, del concepto de “emprendedor”. Concebidas desde una visión política en su plena inserción dentro de La Casa Invisible, parte de sus ingresos son destinados al mantenimiento de proyectos colectivos.