Juan Torres López
Rebelión <http://www.rebelion.org>
Es verdad que habría que esperar para hacer valoraciones porque a todos
los nuevos gobiernos se les suele dar tiempo, cien días dicen, para que
muestren su verdadero cariz y comiencen a mostrar resultados. Pero es
que el nuevo gobierno de Rodríguez Zapatero manifiesta tan claramente su
deriva a la derecha, incluso en su propia composición funcional, que no
creo que haga falta esperar mucho. Expondré a continuación las razones
que me llevan a pensar así, aunque nada me daría más satisfacción que
comprobar dentro de unos meses que hoy estoy equivocado.
En mi opinión, el giro a la derecha de gobierno español lo indican
claramente tanto la nueva distribución de las carteras como las propias
personas a las que se les encargan.
Empezaré por un área en la que paradójicamente Zapatero dijo que quería
aumentar su compromiso: el medio ambiente.
Aunque se quiera presentar de otro modo, lo cierto es que las cuestiones
medioambientales pasan a un segundo plano. No es lo mismo plantearlas
con un ministerio potente y especializado que, como sucederá a partir de
ahora, desde otro lleno de competencias variadas e incluso
contradictorias. Y la asunción por parte da vicepresidenta del gobierno
de la negociaciones sobre el agua entre Estado y Comunidades autónomas
muestra que van a primar las estrategias políticas más que las
prevenciones ambientales y de sostenibilidad, que lógicamente están
siempre mejor puestas sobre la mesa cuando se plantean en el seno del
ministerio correspondiente.
No hay que olvidar, por ejemplo, que muchos de los problemas que tuvo
que tratar de resolver la anterior ministra de Medio Ambiente se
originaron precisamente en la escasa sensibilidad ambiental de algunas
actuaciones del anterior ministerio de Agricultura y Pesca, cuya titular
será la que ahora lleve todas esas cuestiones y sin que haya nada que
permita deducir que haya cambiado de sensibilidad.
Y desde luego es bien significativo que haya salido del gobierno la
antigua titular de Medio Ambiente, Cristina Narbona, quien se ha
distinguido no solo por su mayor compromiso ambiental y de izquierdas
sino por su voluntad de hacer frente a las trabas que procedían,
incluso, de sus propios colegas de gobierno o de partido.
Otro cambio significativo es la creación de un nuevo ministerio de
Ciencia e Innovación, en la línea que ya inició el Partido Popular
aunque ahora reforzada al adscribirle la gestión de las universidades.
Lo más relevante y preocupante de esta fórmula no es que se rompa la
unidad del sistema educativo, que yo creo que es siempre deseable, sino
que se hace en aras de imprimir un claro sesgo empresarial y de mercado
a la enseñanza y la investigación que se realiza en los estudios
superiores, lo que inevitablemente va a derivar en el empobrecimiento de
nuestra universidad.
No creo yo que sea una mera casualidad o poco significativo que la nueva
ministra de Ciencia sea, precisamente, una de las directivas de la
Confederación Española de Organizaciones Empresariales y que, como se ha
dicho por activa y pasiva, que "venga de la mano" del liberal Miguel
Sebastián, al que me referiré más adelante.
Así, una de las primeras en darle la bienvenida como ministra es la
patronal de los laboratorios farmacéuticos. Se alegran de su
nombramiento porque su "perfil supone un claro signo del Gobierno en
favor de la investigación biomédica, actividad con la cual los
laboratorios farmacéuticos se sienten totalmente comprometidos". Lo que
no dicen pero todos sabemos es el perfil que tiene la investigación que
realizan estos laboratorios, seguramente, la expresión más inhumana y
cruel de supeditación de los intereses humanos a la rentabilidad del
mercado.
La justificación que se da para crear este nuevo ministerio es que se
trata de lograr que el modelo de crecimiento se base en el conocimiento
y la innovación. Es un objetivo deseable pero el problema es que para
alcanzarlo no basta con cambiar esa estructura administrativa sino que
deben modificarse también las prioridades generales del gobierno y,
sobre todo, las presupuestarias. Algo sobre lo que no solo no se dice
nada sino que es contrario a lo que por activa y por pasiva ha
establecido el prorrogado ministro de economía y viepresidente del
gobierno.
Otro cambio importante es la desintegración del Ministerio de Trabajo y
Asuntos Sociales que hasta ahora había sido como la nave insignia de las
políticas sociales de las que tan orgulloso dice sentirse Zapatero. Y,
por supuesto, es bien sintomático que haya salido del gobierno (no
precisamente satisfecho con lo que se ha hecho) su anterior titular, el
socialdemócrata Jesús Caldera.
En lugar de fortalecer las políticas sociales, dicha desintegración
puede debilitarlas definitivamente.
Por un lado, descuartizan al Misterio de Trabajo se disminuye su
capacidad operativa y de negociación, tanto en el seno del equipo
gubernamental a la hora de negociar presupuestos como a la de imponer
sus políticas a los operadores sociales. ¿Cómo va a ser igual, por
ejemplo, la capacidad y el poder del nuevo Ministerio de Igualdad a la
hora de hacer propuestas a las empresas que la que tiene un ministerio
que, a la vez, pueda estar negociando con sindicatos o empresarios,
cuestiones de subvenciones, normas laborales, etc.?
E igual podría decirse de la transferencia de las competencias de
asuntos sociales al antiguo Ministerio de Educación. Se crea una
macroestructura que, por definición, ha de ser mucho menos operativa y
con menos capacidad política que la anterior.
De hecho, se justifica este cambio con el ejemplo del Reino Unido
olvidando que éste país no es precisamente el mejor ejemplo en cuanto a
la eficacia y extensión de las políticas sociales, sino más bien lo
contrario.
En la misma línea se puede valorar la creación del nuevo Ministerio de
Igualdad que tantos beneplácitos ha concitado y que a mí me parece que,
en realidad, no es algo tan extraordinario.
En primer lugar porque implícitamente se está resaltando que la igualdad
que importa es la que se expresa en discriminaciones ajenas a las de
clase o socioeconómicas que parecen tanto o más graves a la hora de
limitar la libertad humana.
Tengo la firme convicción de que una acción prioritaria de cualquier
gobierno debe ser luchar por la igualdad y contra la violencia de género
pero al mismo tiempo no me cabe la menor duda de que esa lucha será
mucho más efectiva cuanto más directa sea la implicación del conjunto de
los ministerios en ella. Y por eso creo que se consiguen mejores
resultados si esa estrategia se desenvuelve desde un ministerio potente
y no marginal, por muy espectacular que pueda parecer, como va a ser sin
duda éste recién creado.
Si uno de los hombres fuertes y cercanos a Zapatero como Jesús Caldera
tuvo dificultades presupuestarias en la anterior legislatura para
aplicar las leyes sociales y de igualdad, ¿cuántas no va a tener una
ministra recién llegada y de peso político bastante escaso, como es
natural que ocurra con un ministerio de esa naturaleza? Y eso sin
mencionar el hecho de que se haya optado por una ministra sin
experiencia en políticas de igualdad, un campo en el que el Partido
Socialista cuenta con multitud de personas feministas, especialmente
mujeres, de gran valía, y conocimiento y con un enorme compromiso de
izquierdas.
Mención aparte merece la entrada en el gobierno de Miguel Sebastián. No
porque sea un político estrepitosamente fracasado en las urnas cuando
fue candidato a la alcaldía de Madrid, sino por ser un liberal confeso,
pero entiéndase bien, un liberal de los modernos, de esos a los que les
gusta meter la mano en los mercados y en las empresas para tratar de
influir y hacer que los intereses económicos que defiende salgan adelante.
Entra además en el gobierno con fuerza inusitada, trayendo como he dicho
de la mano a la nueva ministra de Ciencia y también a la de Vivienda.
Por cierto, ésta última una registradora de la propiedad, lo que no deja
de ser un sarcasmo dados los problemas de vivienda que tiene España
De esta forma, se consolida en el gobierno de Zapatero la vieja
influencia del ex ministro liberal Carlos Solchaga, el auténtico valedor
inicial del ahora presidente y el que ha sabido colocar en su órbita
(tanto en ministerios como en la Oficina Económica de Presidencia) a
todo un ejército de economistas procedentes del Banco de Bilbao Vizcaya.
Es una pena que los ciudadanos (y especialmente los que han puesto su
confianza o militan en el partido socialista) no podamos conocer con
transparencia y plenitud todas las conexiones y los intereses verdaderos
(económicos, energéticos, financieros, mediáticos...) que están detrás
de este grupo de liberales que hoy por hoy controlan el Ejecutivo y que
son los que de modo irremediable llevarán a la derecha a este gobierno.
Y posiblemente aún más si en 2010 se lleva a cabo otro cambio de
gobierno, como todo parece indicar.
En conclusión, puede que ahora sigamos oyendo, incluso puede que ahora
con más decibelios, la letra de la igualdad y del progresismo pero la
música que marcará el compás del gobierno será otra. La del apoyo a los
grandes intereses empresariales y a los grupos económicos de poder que
son los que en realidad se han beneficiado más de la política
gubernamental de los últimos años. Los datos de distribución de la renta
entre beneficios y salarios están ahí y son bien claros: según la OCDE,
España es el único de sus países miembros que ha tenido durante el
periodo 1995-2005 un descenso del salario promedio, el 4%, mientras que
la renta de los que obtienen ingresos de la propiedades ha crecido un 73%.
Yo creo que ser izquierdas es evitar eso pero me temo que la
conformación de este nuevo gobierno no va en esa línea sino más bien en
toda la contraria.
Ahora bien, como dije al principio, me gustaría equivocarme así que creo
que lo importante es que los ciudadanos no nos quedemos de brazos
cruzados ante lo que pueda hacer el Gobierno. Un gobierno de origen
social progresista como es éste, que cuenta con un apoyo ciudadano tan
claramente contrario a los planes de la derecha solo podrá echarse a la
derecha si los ciudadanos dejamos que lo haga. Por eso no se puede mirar
a otro lado dando ya por hecho que se trata de un gobierno perdido. Hay
que presionar y hay que hacerle sentir la voz de quienes queremos más
justicia distributiva más democráticas políticas que de verdad
beneficien a los trabajadores y a los más necesitados.
Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad
de Málaga (España). Su web personal:
www.juantorreslopez.com